Un dilema que se plantea en las aulas del siglo XXI: ¿deberían los niños poder usar sus móviles en clase? Como polémica, se viene dando desde que los peques están teniendo acceso cada vez desde edades más tempranas a los dispositivos móviles.En España el uso de móviles, dispositivos MP3 y otros apareatos tecnológicos en clase está vetado en muchas instituciones, pero esto es algo que dictamina cada institución por motus proprio y no por reglamento general. Los problemas, dicen los maestros, son los que suponemos: falta de atención, dispersión, y demás: en definitiva, los móviles son un elemento más de distracción.
Los padres -muchos, más irresponsables que sus propios hijos- no solo compran a sus pequeños los móviles desde muy temprana edad, sino que los estimulan a ir con ellos a la escuela. La excusa es que, ante una emergencia, el niño podrá comunicarse directamente con ellos y podrán solucionar el problema más rápidamente.
Esto, sin embargo, es una falacia. No solo porque antes del boom de los móviles las emergencias se resolvían a través de los medios que disponía la institución, sino que el hecho de que los padres se enteren primero de que hay un inconveniente puede interferir negativamente en la solución del problema: a menudo los padres estorban cuando se trata de resolver emergencias de los críos.
El asunto es que prohibir de plano los móviles en la escuela no parece ser la mejor solución: en primer lugar, porque no se puede requisar a todos los estudiantes, pues se perdería mucho tiempo y sería virtualmente imposible: los aparatitos se pueden meter en cualquier sitio. Además, las quejas serían insoportables para los directivos de las instituciones. Una posible solución sería que se incluyera en los móviles un modo silencioso -algunos ya lo tienen- que solo tenga habilitadas ciertas funciones, como recibir llamadas, por ejemplo, pero que el resto de las funciones (mp3, cámara, llamadas salientes) estén deshabilitadas durante el curso del dictado de clases. Esto también implicaría inconvenientes de control, pero sería una opción frente al dilema de los móviles en los claustros de estudio.
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