A muy poco de lanzado el tan anunciado G1, el primer móvil con el software Android de Google, ya ha mostrado su peor cara: la obediencia ciega.
Eso es lo que suele suceder cuando los hombres intentan crear máquinas más y más sofisticadas que obedezcan absolutamente todas sus órdenes, al final de cuentas caemos en resultados como este: la máquina imposibilitada de definir cuándo hacer o no una cosa obedece sin discernimiento y en ocasiones genera grandes inconvenientes.
En el G1 todo se descubrió a través de una simple conversación entre dos usuarios, bastó que uno de ellos tecleara la palabra “reiniciar” para que el robot lo reconociera como una orden y obedeciera. Al instante el obediente móvil reinició su sistema.

Obviamente el otro usuario, en este caso la novia de quien descubrió el fallo del Android, reclamó una respuesta que nunca recibió; fue entonces cuando este se percató que la palabra que acababa de escribir había sido obedecida por el móvil y se había ejecutado sin que él lo consintiera o, peor aún, lo hubiera pedido claramente.
Google ya ha puesto en marcha una solución a través de un parche que se instala automáticamente, solución que tampoco demoró en ser aceptada, ya que según se sabe en USA ya hay quienes han efectuado las actualizaciones necesarias y muy pronto podrán hacerlo los usuarios del Reino Unido.
Como verán el Android ha demostrado que hasta las mayores virtudes suelen ser un problema en cuestiones de robótica.













